
el placer de recibirla, dos dedos que la tocan,
un gemido por cada célula tuya,
un outlet de éxtasis al por mayor
con dos por uno en las caricias más largas,
el olor de los placeres en mi oído
especiados y aliñados a gusto del deseo,
los ojos azules en oferta
mirando el escaparate de mi cuerpo
con tintes negros de encajes en la flor de mi piel,
los dedos más largos recorriendo las calles calurosas de la intimidad,
la oscuridad cómplice de un punto de luz,
el regusto del dolor compañero de las cuatro esquinas de mi cama,
un te quiero acunándose en mi pelo negro debajo de tu cara.